miércoles, 10 de septiembre de 2008

REFLEXIONES CIVICAS

Apenas a pocos días del 28 de septiembre, con enorme pesadumbre vemos llegar la malhadada hora cuando los ecuatorianos nos veremos –conforme parecen afirmarlo las encuestas- sometidos a una nueva Carta Magna discurrida a tropezones y con irrefutables muestras de sometimiento partidista, fiel copia del modelo rancio y pernicioso de algún infortunado país amigo. No se escuchan voces que cuestionen con sabiduría y sin egoísmo la propuesta constitucional y que sean, además, capaces de lograr liderazgo. Los otrora autollamados políticos de convicción (¿?) han desaparecido del escenario; no se sabe bien si por falta de arresto frente a los actos amenazadores del gobierno del momento; o, si más bien han preferido mantenerse ocultos obedeciendo al sinuoso bamboleo entre dos aguas para ver, llegada la hora, en qué barca asegurarán su permanencia.

El tan mentado Socialismo del Siglo XXI, el que promete que la Patria será de todos, no es más que un burdo ensayo que tiende a hallar la fórmula mágica que consolidará la justicia y la equidad social de la pobreza; pues, de seguir por este camino, no habrá empresario serio que pudiendo hacerlo, no prefiera retirarse del escenario ecuatoriano en el que no encontrará garantía alguna para emprender sus negocios y mantener o acrecentar puestos de trabajo, pues las reglas del juego que se pretenden establecer a partir del próximo día 28, sólo conseguirán aumentar la desocupación y la pobreza, amén de la delincuencia de todo orden y condición, a la que ahora se le sumarán elementos venidos -sin requerimientos de visado- a desmantelar nuestra República.

¿De qué valores y virtudes hablaremos los ecuatorianos, si los habremos perdido casi todos? ¿En qué Sodoma habremos de convertir al Ecuador y cuál será nuestro aporte en semejante tarea?

Cabría pedir a las mentes sensatas -que sé que por ventura aún las hay-, que reflexionen en el profundo y verdadero significado del derecho humano primigenio: la libertad, que no es sino la potestad que tiene nuestro fuero interior para elegir con responsabilidad la manera de cumplir con todos aquellos deberes que nacen de preceptos de equidad y justicia, sin menoscabar los derechos ajenos. Libertad es la merced de sentir y decir lo que nos brota espontáneamente sin más sometimiento que el de nuestra conciencia comprometida.

Vivir en libertad es, en consecuencia, vivir la disciplina de nuestro discernimiento fundamentada siempre en el respeto y jamás en el abuso.

Que cada uno juzgue el proyecto constitucional conforme a su fuero interior; pero nunca, nunca, dejando perder nuestra libertad de vida y de pensamiento ni permitiendo que nos resquebrajen los cimientos de la obediencia jurídica ni aceptando la escisión entre ecuatorianos. Todos nos necesitamos y todos tenemos el deber de engrandecer con nuestro trabajo, la Patria a la que nos pertenecemos. Basta de aprovecharse de la poca fortuna de voluntades que no pudieron en su momento acceder a una educación formal que ahora les pudiese permitir discernir por obra de sus propias convicciones; basta de abusar de la pobreza ciudadana; basta de comprar estamentos de manera oportunista; basta de arrogancia impertinente y de complejos que se muestran finalmente desembozados.

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